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LOS DISPOSITIVOS SOCIALES PARA CONTROLAR NUESTRA SEXUALIDAD. PDF Imprimir E-mail

 

No hay una sola manera de vivir la sexualidad, plantea Weeks (1993), hay una multiplicidad de sexualidades donde se organizan de distinta manera las identidades, el poder y el placer. Habiendo visto las complejidades que implica la definición de nuestras identidades sexuales y genéricas y la importancia de la cultura en este proceso, vale la pena detenernos a analizar un poco más a fondo los dispositivos sociales e ideológicos que desde el poder se han diseñado para controlar la sexualidad.         

    Rubin (1989) plantea cinco escuelas ideológicas con fuerte influencia sobre el pensamiento sexual: la negatividad sexual, la falacia de la escala extraviada, la valoración jerárquica de los actos sexuales, la teoría del dominó del peligro sexual y la ausencia de un concepto de variedad sexual benígna.  Veamos cada una de ellas. 

 Negativismo sexual o el sexo siempre es malo hasta que demuestre lo contrarío  

La tradición cristiana no se cansa de repetir que el sexo es pecaminoso y solamente encuentra su redención en la función reproductiva.  El sexo siempre es sospechoso de ser el motivo de los peores actos y sólo puede aceptarse cuando se hace por amor.  El acto sexual sólo puede ser bello cuando hay afecto de por medio y esa es una creencia firmemente extendida en nuestra sociedad.  Las relaciones sexuales sin afecto son comparadas con instintos animales y hacen que dudemos de nuestra condición de personas.

 Aunque esto es igualmente válido para hombres y mujeres tiene mucha más vigencia y exigencia para estas últimas quienes la pasan mal si los deseos de su cuerpo o sus fantasías no se corresponden con un sentimiento y para quienes es más fácil inventarse historias de amor cuando en un intercambio sexual el afecto no estaba tan claro.   

     El sexo se practica pero no se habla de él; es tan malo convocar en voz alta su nombre que incluso hablar de él para prevenir enfermedades de transmisión sexual resulta intolerable para algunas personas.  Lo sabemos por lo difícil que nos resulta llegar a las casas con las campañas de prevención del VIH y/o SIDA.  A pesar de que esté en juego la salud sexual e incluso la vida, el sexo sigue siendo un tema que no puede debatirse con naturalidad y serenidad. 

La escala extraviada o cómo castigaras culpable para que no repita su crimen     

        La escala extraviada se relaciona con la idea anterior y señala que los pecados sexuales merecen los castigos más duros, y para señalar esto basta recordar el artículo 204 de nuestro Código Pega¡.  Pero los castigos más duros no son solamente en el plano legal, también implican el rechazo social, el descrédito y la agresión de cualquier persona de la que se sospeche va por "mal camino" (sexual, por supuesto). Las personas que asumen públicamente su preferencia sexual son blancos preferidos de las agresiones físicas, emocionales y/o sociales.  Eso nos cuenta un compañero que ha vivido esas experiencias.  

           "Recibimos pedradas en la calle sin tocar a nadie, sin hablar a nadie, sin hacerle nada a nadie, sólo por el hecho de pasar, sólo con el hecho de que te noten o te capten algo, te agreden, te joden... En la escuela te vulgarean, se nos jode a tal extremo que nos vemos obligados retiramos por esa presión.  En los centros de trabajo, a lo mejor a la entrada no nos echaron de ver, pero al pasar del tiempo empiezan a preguntar '-por qué no salís con mujeres?'.  Entonces, en la primer oportunidad que hay de mandar a alguien a la calle, los homosexuales o las lesbianas somos candidatos número uno, porque ponen de pretexto que no tenemos hijos y como, según ellos, no tenemos tanta necesidad, somos el blanco perfecto para irnos a la míerda".         

     La permanente angustia vivida en silencio por las inquietudes sexuales es otra manera de castigo y probablemente la que más extendida está.  En nuestra línea telefónica de apoyo son innumerables las veces que nuestras voces reciben como única respuesta el silencio o los sollozos, ni siquiera el anonimato que da el teléfono permite que la gente sea capaz de preguntar o desahogarse. ¿Qué magnitud le asignarán a su conducta o pensamiento que no se atreven ni a traducirlo en palabras? 

La jerarquía sexual o yo estoy un escalón mas arriba que tú        

     La jerarquía sexual implica dar un valor diferenciado a los comportamientos sexuales construyendo una pirámide en cuya cúspide están las parejas heterosexuales bien casadas (por la ley y la iglesia) y cuyos fines reproductivos son públicos y notorios; en el siguiente escalón se ubican -las parejas heterosexuales no casadas; las lesbianas y homosexuales, aunque están en un escalón inferior, pueden ser tolerados con tal de que no hagan mucho escándalo, no se hagan muy visibles y, por supuesto, no propagandicen su preferencia.  Los transexuales y travestis son parte de los escalones más bajos y hay quienes piensan que merecen la muerte y del pensamiento pasan a la acción; recientemente hemos conocido casos de asesinatos a travestis que, por supuesto, no concitan la indignación pública.  El resto de prácticas sexuales van a formar parte de los escalones más bajos y siempre serán vistos bordeando el límite de la criminalidad y/o la perdición moral. Las personas que padecen algún tipo de enfermedad de transmisión sexual suelen estar en estos bajos mundos de la jerarquía sexual y ese estigma les hace acudir a la consulta médica cuando ya no aguantan más.  Quienes padecen gonorrea o sífilis no son sólo víctimas de una enfermedad infecciosa, son trasgresoras de la moral y las buenas costumbres.  Mucho más grave es la condición de las personas que viven con el VIH-SIDA quienes parecen ser, en nuestros tiempos, blancos preferidos de la iglesia y el Estado para moralizar sobre la degradación social y con ese pretexto, no asumir responsabilidad para atender su salud. 

 El dominó del peligro sexual o,¿es cierto que se caen los dientes por practicar el sexo oral?     

         La teoría del dominó del peligro sexual implica la existencia de una línea claramente establecida entre lo bueno y lo malo.  Lo bueno siempre está relacionado con la reproducción y el sexo heterosexual adulto.  Lo malo es toda práctica que tenga como único fin el placer y ante la cual se desarrollan un sinnúmero de mitos que tienen como fin sembrar el terror.         

    ¿Es cierto que se caen los dientes por practicar el sexo oral?, ¿es cierto que me puedo debilitar si me masturbo mucho? son algunas de las preguntas que constantemente estamos recibiendo en nuestra línea telefónica de personas asustadas de que sus conductas placenteras sean malas y puedan recibir como castigo la enfermedad o la locura.

 Ausencia de un concepto benigno de variedad sexual       

      La ausencia de un concepto benigno de variedad sexual implica que cada quien considera como buena su práctica sexual y malo lo que no le gusta hacer.  Es difícil para las personas concebir que a otra le agrade realizar prácticas sexuales que a ella le desagradan; así, lo que es una mera inclinación del gusto se convierte en un rasero para calificar como buena y sana únicamente la conducta sexual individual.   

        Las relaciones donde la agresión es consentida y es fuente de placer para las personas que la practican, el uso de juguetes o materiales pornográficos para la estimulación, el uso de ropas especiales, las fantasías que se quieren convertir en realidad, todo aquello que implique la intervención de elementos externos a los cuerpos siempre tiene la sospecha de ser peligroso y condenado.  

         Además de estas ideologías, Foucault señala cuatro dispositivos sociales que se han establecido durante los últimos dos siglos y que cumplen la función de normativizar la sexualidad.

  El cuerpo histérico de las mujeres          

   Uno de ellos es la "histerización del cuerpo de la mujer.  El cuerpo femenino es el sumun del pecado sexual, la imagen de la mujer es la de Eva robando la manzana del árbol del bien y el mal para cometer el pecado original; la sexualidad femenina se debe exorcizar, controlar, regular para no hacer caer a los hombres en la tentación.  Las manifestaciones de sexualidad en las ropas, los gestos, los movimientos son considerados provocaciones y la mujer será la culpable de lo que ocasione con ello.  Así, a las mujeres se nos confunden los mensajes, se nos enseña a seducir pero no demasiado, a decir no cuando es sí y acabamos enredadas en nuestros deseos y angustiadas por no aprender a reconocerlos.   

          Una manera de exorcizar la mujer pecadora está en la figura asexuada que es "la- madre", la mujer buena que cuida, que da y se olvida de ella para entregarse al hijo; la madre que no tiene deseos, cuya sexualidad ha desaparecido.  En cuanto los cuerpos femeninos empiezan a despuntar en esas suntuosidades que despiertan los deseos se piensa en casarlos para evitar las tentaciones y en preñarlos para que pierdan sus formas y el ardor se convierta en ternura dedicada a los infantes.   

        Dentro de esa histerización del cuerpo femenino también está presente la fragmentación del mismo y así como la totalidad de la persona se centra en la sexualidad, la totalidad de la honra familiar se centra en la himen, garantía de virginidad.  Controlar la virginidad es otro dispositivo con el que se controlan los cuerpos femeninos, con mucho más rigor al llegar la pubertad.      

       No bien entran las muchachas a la pre-adolescencia y las rondan los chavales, las madres les advierten: "si das el pico das el míco" ' es decir, que un beso lleva irremediablemente a dar el sexo y eso ¡qué barbaridad!, es hacerse puta, inmoral, ensuciar el nombre de la familia.  A nuestro centro de trabajo han llegado madres de niñas de 12 a 13 años pidiendo que se les revise para ver si todavía son “niñas", vírgenes que puedan llegar honrosamente a ser madres.      

     Pedagogización del sexo infantil        

     Otro dispositivo señalado por Foucault es la pedagogización del sexo de los niños.  Los niños y niñas son seres sexuales y el conocimiento de su cuerpo forma parte fundamental de su desarrollo, sin embargo, no hay nada que ocasione más pánico a la mayoría de las personas adultas que las manifestaciones abiertas de la curiosidad sexual en la infancia.  Partiendo de la idea cristiana del sexo como pecado y de los niños como encarnación de la bondad, sexualidad-infancia es una ecuación que no logra ser aceptada.        

     La expresión de la sexualidad infantil se ha complejizado todavía más con el tema de las agresiones y la salida a la luz pública de cada vez más casos de niños y niñas agredidos sexualmente.  A la luz de las preocupaciones que estas agresiones nos ocasionan se ha borrado todo límite en lo que puede ser la curiosidad deseable para el desarrollo de las criaturas, tratando de impedir todo acercamiento a su cuerpo y muchas veces ya no solamente de extraños sino de ellos y ellas mismas.   

     . Eso nos lleva al debate de si existe o no consentimiento en los niños y niñas para explorar su cuerpo o hacerlo con otra persona.  Llevadas por el intento de limitar las agresiones, se ha señalado que los niños y niñas no son capaces de consentir, . se les mira solamente como seres vulnerables a los que se les tienen que enseñar a defenderse pero no a educar sus sensaciones sexuales.  

           Un niño o niña es perfectamente capaz de distinguir las caricias y comportamientos que le producen bienestar y los que no, sin embargo, el silencio y confusión que pueda existir en su entorno sobre el tema es el que le lleva a no recibir claramente mensajes y a no registrar de la mejor manera esas sensaciones. De ahí que el niño y la niña no aprendan claramente los límites y callen tanto sus jugueteos sexuales como las agresiones que sufren.         

  El pánico sobre las agresiones sexuales nos debería llevar a censurar duramente éstas pero sin llevarnos por delante la capacidad de las niñas y niños para explorar su cuerpo e ir construyendo sus márgenes de consentimiento.  Dado que las personas adultas no podemos estar constantemente vigilando a las criaturas, cosa por demás indeseable pues estaríamos impidiendo su proceso de autonomización, deberíamos poner énfasis en la educación de sus límites y la capacidad para hacer respetar su deseo y su consentimiento ante determinados acercamientos.  Esto, insistimos, sin hacernos quitar el dedo de¡ renglón cuando de denunciar las agresiones sexuales hacia niños y niñas se trata.     

      En la adolescencia, la masturbación pasa a ser una de las mayores preocupaciones de quienes la practican y de quienes están cerca de los adolescentes.  Esta práctica está mucho más aceptada entre los varones que entre las muchachas. 

Socialización de las conductas procreadoras         

    Otro dispositivo es la socialización de las conductas procreadoras.  El sexo es bueno siempre que tenga como fin la procreación y es la única manera en que puede ser social y moralmente aceptado, la redención del pecado a través de dar a la luz una nueva vida.  Curiosa relación entre el valor sublime de la vida surgida de un acto pecanimoso y del que no se puede hablar.       

      Las conductas procreadoras son parte exclusiva de la pareja heterosexual, de ahí que sea ésta la base de la familia y la única que es aceptada.  La pareja sin hijos es una pareja sin futuro, vista con recelo, que no se puede entender para qué se relaciona, es la viva imagen del sexo por placer y aunque su práctica pueda estar santificada por el matrimonio no va a estar alejada de las presiones sociales hasta que no empiece su etapa procreadora.        

   A esta socialización de las conductas procreadoras se tiene que enfrentar el intento por controlar el crecimiento demográfico.  Aunque hay una preocupación cada día mayor por detener el número de personas que nacen en sociedades que no pueden garantizarles su adecuado desarrollo, no se sigue una política congruente en la difusión de los métodos para evitar la concepción.      

       La ignorancia al respecto es enorme, aún en nuestros días una muchacha pregunta por teléfono qué tan efectiva es la inyección anticonceptivo masculina pues su novio le ha dicho que él está planificando de esa manera.  La abstinencia como único valor aceptado por la iglesia y el gobierno para evitar la concepción y la difusión de enfermedades sexualmente transmisibles, es una práctica inviable.  Las relaciones sexuales se seguirán dando y lo más seguro sería hacerlas cada vez de manera responsable, difundiendo los anticonceptivos de manera científica para evitar riesgos de embarazos no deseados y enfermedades. 

 Psiguiatrización del placer Perverso,      

       Finalmente, Foucault señala el dispositivo de la psiquiatrización del placer perverso, es decir, de la calificación de enfermedad o locura por parte de la medicina, la psicología o la sexología de aquellas orientaciones sexuales o prácticas que no tienen fines reproductivos, que hay que decirlo, son la mayoría de las que diariamente se realizan.          

 Con todos estos dispositivos ¿qué nos queda para el intercambio sexual placentero?  Muy poco y, sin embargo, existimos quienes nos empeñamos en defender ese terreno como parte necesaria de la vida y quienes deseamos la mayor libertad de elección en todos los terrenos, para que los intercambios sexuales sean una fuente de crecimiento personal antes que una carga en nuestra vida. 

   Nuestras Concepciones Sobre Sexualidad

Fundación Xochiquetzal

Managua, Nicaragua, 1998