| LOS INTERCAMBIOS SEXUALES |
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Si bien todos los dispositivos anteriores para regular la expresión de la sexualidad funcionan al máximo en nuestra sociedad, los intercambios sexuales se dan, el deseo existe y a pesar de su constante represión, se expresa día a día. Intercambios que implican preferencias, afectos, expresiones comportamentales, disfunciones. En este apartado queremos referirnos a estos aspectos porque son con los que más frecuentemente nos topamos en nuestro quehacer cotidiano y también porque la cada vez mayor reivindicación pública de los derechos sexuales de las mujeres, de los derechos humanos de las lesbianas y homosexuales y la exigencia de vivir una sexualidad libre de prejuicios nos obliga a repensar cuáles deben ser los términos de estos intercambios que impliquen la construcción de relaciones menos opresivas y más gratificantes. El temor puritano de que al abrir la puerta a la sexualidad se desbordará en vicio y desenfreno no debe servirnos como pretexto para decir que todo vale. Coincidimos plenamente con el planteamiento de Foucault entre la distinción de libertad de actos sexuales y libertad de elección sexual. No estamos a favor de los actos sexuales relacionados con la violencia no consentida hacia ninguna persona. Estamos totalmente a favor de la libertad de elecciones sexuales sea para ejercerla o para no ejercerla. Nos parece que los seres humanos tenemos derecho a expresar nuestros deseos sexuales de la manera como a cada quien le satisfaga más, guardando como límite el consentimiento de las personas que intervienen en los intercambios y la no obligación de realizar actos que resulten desagradables para alguno o alguna de las involucradas. El consentimiento, palabra harto polémica es, a pesar de todo, un punto de partida para la elección sexual. Podemos cuestionar si una mujer que depende económicamente de su marido consiente libremente o no, es cierto que existen una serie de circunstancias que no podemos dejar de tomar en cuenta cuando hablamos de consentimiento, sin embargo, dentro de esos límites, las personas tienen capacidad para consentir. Pensar que nunca en ninguna circunstancia las mujeres pueden consentir por su condición de subordinación, o los homosexuales y lesbianas por la represión que viven, o los niños y niñas por su edad, es no dejar margen a la posibilidad de expresión de los seres humanos como protagonistas de sus vidas y verlos únicamente como víctimas potenciales. De hecho, nuestra función educativa pone el acento en la necesidad de hacer más sólida esa capacidad de consentimiento y en la importancia de que mujeres y hombres nos hagamos plenamente responsables de¡ nuestras elecciones sexuales. Dentro de las prácticas sexuales existe una variedad infinita para explorar el placer, con afectividad o no de por medio. Nos parece que ninguna corriente liberadora, y el feminismo es una de las más importantes de las últimas décadas, puede contribuir al bienestar de las personas estableciendo nuevas restricciones, por esa razón no coincidimos con las corrientes feministas que censuran la pornografía o que señalan la existencia de un tipo de expresión sexual femenina &$políticamente correcta", o de quienes afirman la idea de que el placer "feminista" se da en las relaciones entre mujeres, en la suavidad y la no genitalidad. Las prácticas sexuales que implican actos violentos consensuados pueden ser tan estimulantes para mujeres y hombres como los que no. Si en algún caso podemos utilizar el calificativo de correcto es para definir lo que la persona quiere y es capaz de asumir, si no es capaz de relacionarse sexualmente sin que medie una relación afectiva no estamos a favor de que lo haga. A nuestro juicio, la satisfacción personal debería ser el único principio de valoración de los intercambios sexuales. Cuando hablamos de satisfacción no estamos refiriéndonos necesariamente al orgasmo. Las investigaciones sexológicas de los años 70 hicieron grandes aportes para las mujeres, sin embargo, la insistencia en conocer el cuerpo y sus puntos sensibles no tendría que llevarnos a una búsqueda incansable de orgasmos múltiples o a negar las sensaciones vaginales, por ejemplo. Como hemos señalado repetidamente, el cuerpo es un factor importante en la sexualidad, pero no el único, ya que el órgano más importante de la sexualidad femenina y masculina no está entre las piernas, se encuentra en nuestra cabeza y tampoco los genitales son la única fuente para captar sensaciones placenteras, todo nuestro cuerpo puede intervenir en esa tarea. Nuestra cabeza está repleta de prohibiciones sobre la sexualidad, saturada de falsa información y llena de prejuicios y desde esa falta de libertad rige nuestras sensaciones, llevándonos a disfrutar con prácticas que podríamos creer que no nos erotizaban o a resistirnos a otras. Las fantasías pueden ser una fuente de deseo y satisfacción y sus leyes no son las de la conciencia y menos aún las de la política. Pareciera que el feminismo, en tanto postura teórica que ha aportado importantes herramientas para entender la subordinación femenina y que como movimiento político ha permitido el empoderamiento de miles de mujeres, tendría que ser una propuesta igualmente libertaria en lo sexual. Sin embargo, no siempre sucede así. Las posturas feministas frente a la sexualidad suelen ser diversas y atacar con criterios políticos lo que a veces son situaciones que sexualmente ayudarían a las vivencias placenteras de las mujeres. Por ejemplo, en torno a la pornografía las feministas tienden a dividirse y a señalar que es una muestra de la utilización femenina como objeto por el patriarcado. A nuestro juicio la pornografía es tan sexista como las telenovelas y no conocemos aún pronunciamientos feministas contra estas últimas, al contrario, varias de nosotras somos asiduas seguidoras de ellas, lo cual es una fuente válida de diversión, lo mismo que para algunas personas lo puede ser la visión de escenas explícitas de intercambios sexuales en distintas variedades. Nos parece absolutamente incorrecto normar cómo se debería encender nuestro deseo. Insistimos, no se trata de obligarnos a que nos gusten determinadas prácticas, posiciones o expresiones de la sexualidad, se trata de no construir más dispositivos sociales contra la sexualidad teniendo en cuenta que nuestra cultura ya tiene demasiados y uno de ellos gira en torno a un determinado prototipo de feminidad no sexuada.
Nuestras Concepciones Sobre Sexualidad Fundación Xochiquetzal Managua, Nicaragua, 1998
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