| PLACER Y PELIGRO, LAS DOS CARAS DE LA SEXUALIDAD. |
|
|
|
|
Las fantasías forman parte de la sexualidad, la enriquecen, nos señalan derroteros que no somos capaces o no queremos llevar a la realidad. Las niñas y los niños juegan y a través de su juego liberan sus tensiones internas, resuelven problemas del mundo, liberan su agresión. El juego fantasioso es un asunto serio para ellos y de su manera de jugar depende mucho su estabilidad futura. Sin embargo, la obsesión adulta lleva hasta controlar el juego infantil y, ya sea porque no hay infancia y hay que sumar todos los brazos para ganar la subsistencia o porque estamos poseídas por el afán de no perder el tiempo, no dejamos tiempo a la imaginación, al tiempo libre para elaborar y sanar nuestros malestares. Las fantasías tampoco tienen mucho campo para desarrollarse, son el elemento furtivo de nuestra vida, las ensoñaciones que nos desconciertan porque no tienen que ver con el lenguaje de la realidad. Se parecen más al lenguaje de los sueños, donde la coherencia no importa, donde el tiempo no sigue la línea recta de pasado, presente y futuro sino se entrecruza y nos presenta un mundo donde somos y hacemos cosas sin sentido. Los sueños y las fantasías nos dicen mucho de lo que no nos atrevemos a hablar en voz alta y son la parte más importante para sanar nuestras presiones, son el equivalente al juego infantil. ¿Cómo son nuestras fantasías? Tan propias y singulares como cada una de las personas. En el terreno de la fantasía sexual también hay imperativos, el acto compulsivo de confesar hasta el pensamiento tiene como finalidad el escrutinio de nuestro mundo interno para saber si va bien o mal encaminado. Tenemos fantasías sexuales de todo tipo y muchas de ellas nos llevan al placer por terrenos que jamás cruzaríamos en la realidad. Nos permitimos la agresión y el desenfreno, perdemos el control tan escasamente logrado. La función de la fantasía es darnos la seguridad que nuestra realidad no nos ofrece y son una fuente de placer. Nos negamos a normativizar las fantasías en buenas o malas, las fantasías de agresión que a veces podamos tener las mujeres no son ni mucho menos la aseveración de que inconscientemente deseamos ser violentadas, el mundo de la fantasía tiene reglas diferentes a la realidad. Así como el niño que juega con Pistolas no será el delincuente del futuro, las fantasías de agresión, cometida o sufrida no tienen por qué ser augurios de deseos y de futuros. La fantasía es un terreno a conquistar para nuestro placer. El cuerpo es un terreno Para el placer, el autoconocimiento y la exploración. El cuerpo es la única posibilidad que tenemos para sentir y conocer el mundo así como para comunicarnos. El cuerpo es el terreno privilegiado de la sexualidad. Es importante conocerlo y cuidarlo, en todas sus dimensiones. Los genitales forman parte de nuestro cuerpo sexual pero no son la única parte. La sociedad ha centrado en ellos el placer, la única manera adulta de llegar a una sexualidad supuestamente sana y madura. Probablemente la mayoría de las personas cuando piensen en sexo recuerden la imagen de una pareja heterosexual copulando (uno encima de otra). Esa es una de las maneras de llegar al placer, pero la sexualidad es mucho más que el coito, es el placer de descubrirnos, acariciarnos, mimarnos, es el intercambio de ese conocimiento con otra u otras personas, es una comunicación en la que intervienen todos nuestros sentidos y cuyo fin es el sentirnos bien. El estereotipo de la sexualidad masculina nos dice que los hombres son los responsables del placer de las mujeres, nadie es responsable del placer del otro, cada quien es dueño de su manera de buscárselo y obtenerlo. En los intercambios sexuales el placer del otro puede ser el mío. Algo mas sobre el peligro La otra cara de la sexualidad es el peligro de apartarnos de lo bueno, de lo correcto. peligro de mover la ficha que mantiene estable el juego en el tablero. El feminismo, ha puesto mucho énfasis en el peligro y nos parece que ha llegado el momento de reflexionar sobre el por qué de esta tendencia. No negamos ni disminuimos la importancia que tienen las agresiones sexuales ni lo impactantes y dolorosas que pueden ser para quienes las sufren. Nos parece importante que haya cada día más visibilización Y fuerza para que las mujeres puedan enfrentar asertivamente sus relaciones personales, frenando la agresión y el maltrato de conocidos y desconocidos. Ahora bien, nos parece que no hay que tirar al niño o la niña con el agua sucia y que hacer énfasis exclusivamente en la violencia sin darle la misma importancia o, por lo menos, resaltando la posibilidad del placer, nos puede llevar a que éste último no tenga cabida, de tan confundido que puede estar en medio de múltiples prevenciones. La violencia sexista -lo hemos dicho repetidamente- es un asunto de poder, los hombres agreden a las mujeres porque las consideran el sector vulnerable y porque sus frustraciones, desequilibrios, conductas agresivas no canalizadas por otros medios encuentran en ellas el-sector más conveniente para recibirla puesto que la sociedad no va a cuestionar su dominio. Una de las muchas armas para ejercer ese poder con la intención de hacer daño es el sexo, y su objetivo es precisamente hacer daño, humillar, abusar de la indefensión de la otra persona que no ha dado su consentimiento; eso no tiene nada que ver con la sexualidad como búsqueda de placer y de comunicación. Así como algunos hombres utilizan el machete, la pistola, los puños, otros usan sus genitales para agredir. Ese es un terreno del peligro en el que tanto hemos hecho énfasis y al que hemos logrado que se reconceptualice y se observe de otra manera, aunque todavía haya mucho por hacer al respecto. Pero, insistimos, que el énfasis en el peligro no nos lleve a considerar que toda mirada, todo acercamiento, todo intento de relación es en sí mismo un peligro y que requiere de la intervención estatal. Nos negamos a concebir un Estado o una sociedad que tenga más poder para vigilar y castigar del que ya tiene. Apostamos a la capacidad de las mujeres y de todos aquellos considerados seres vulnerables para enfrentar las situaciones que les desagraden. Aspiramos a construir una cultura de respeto a los derechos individuales más que a un aumento de la represión. Otro aspecto de los peligros de la sexualidad es el de los embarazos no deseados. La función reproductiva es diferente del placer. Muchas mujeres que han parido cantidad de hijos/as pueden desconocer lo que es un orgasmo, sin embargo, la negatividad sexual que hace que el sexo sea visto como pecado y tolerado únicamente en función de la reproducción, el desconocimiento del cuerpo y los métodos anticonceptivos, la incapacidad para plantear a la pareja el ejercicio de una sexualidad responsable son algunos elementos que llevan a la existencia de cantidad de embarazos no deseados, y de criaturas que llegan al mundo con un déficit del deseo materno y paterno y sin contar con sus cuidados. Las infecciones de transmisión sexual y en particular el VIH y Sida es hoy otro de los grandes peligros de la sexualidad. La pandemia del SIDA ha hecho como nunca que crezca el pánico sexual y ha mostrado al mismo tiempo la solidaridad que puede darse hacia las personas que lo tienen y la absoluta irresponsabilidad de las políticas públicas que no cuentan con programas para atenderlo como debe ser. El miedo al VIH y al Sida se ha convertido en un nuevo límite de la sexualidad. Nuestro organismo, que ha hecho de la investigación, prevención, difusión responsable y científicamente respaldada del VIH-SIDA, se ha encontrado con serias resistencias por parte de hombres y mujeres para el ejercicio de una sexualidad responsable. Se niega la posibilidad de usar el condón por considerarlo un límite para el placer, o por pensar que el SIDA es una enfermedad a la que nunca tendrán que enfrentarse. La iglesia y el Estado, con sus críticas al condón asegurando que no es un remedio efectivo para impedir la transmisión del virus del SIDA, son agentes responsables de la falta de prevención que está costando la vida de cientos de personas. La negativa a hacer uso del condón nos parece una muestra más de la irresponsabilidad para con nosotras/os mismaslos y las personas con las que nos relacionamos sexualmente. De nuestra acción individual - y social para incidir en Políticas contra la violencia, los embarazos no deseados y la difusión de las infecciones de transmisión sexual, particularmente el VIH-SIDA, depende el encontrar los medios para enfrentar el peligro. Pero no podemos hacerlo de una manera decidida y sin ello entrar en pánico sexual, si no ponemos junto con el conocimiento de los peligros la necesidad de rescatar responsablemente el placer Y ese es precisamente el punto central de nuestra propuesta sobre la sexualidad.
Nuestras Concepciones Sobre Sexualidad Fundación Xochiquetzal Managua, Nicaragua, 1998
|




