| NUESTRA PROPUESTA ENTORNO A LA SEXUALIDAD HUMANA |
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Como Fundación Xochiquetzal creemos que la sexualidad no es la única dimensión del ser humano, sin embargo, hemos decidido centrar nuestro trabajo en el tema por las implicaciones que tiene en la actualidad y porque para el conjunto de la sociedad, la sexualidad sí define a las personas, por tanto, nos parece imprescindible trabajar elaborando una propuesta diferente de concebirla y, sobre todo, de vivirla. Trabajamos día a día por que exista una concesión de la sexualidad humana desde nuestra propuesta, que sea: libre de prejuicios, que significa vivir una sexualidad basada en conocimientos científicos, despojada de creencias, mitos y tabúes que la limitan.
Proponemos la vivencia de una sexualidad sana, que para la Fundación implica, que podamos vivir nuestras relaciones sexuales sin problemas de identidad o disfunciones, plena tanto física como emocionalmente, en las que no haya agresión, no consensuada y se respeten los límites de cada persona, negociando y consintiendo lo que puede o no darse dentro de los intercambios sexuales.
Nuestro anhelo es que la mayoría de las personas podamos ejercer una sexualidad placentera, conociendo nuestros cuerpos y sensaciones para poder comunicárselas a las personas con quienes queramos compartir experiencias sexuales. Donde las fantasías sirvan para estimularnos y podamos hacer uso de todo aquello que tenga como fin hacer de los intercambios sexuales momentos de placer, crecimiento y bienestar.
Deseamos contribuir al ejercicio de una sexualidad sin riesgos que no implique el miedo a quedar embarazadas si no lo queremos, a contraer infecciones de transmisión sexual, a usar métodos que nos prevengan de estos riesgos y erotizar el uso del condón y/o femidom.
Podemos experimentar intercambios sexuales con las personas que decidamos, es nuestro derecho, pero también es nuestra responsabilidad saber las consecuencias de hacerlo en un medio donde el sexo es moneda de chantaje y abuso. Por otro lado la desesperación de no tener pareja o de ejercer una relación sexual nos puede llevar a involucrarnos en relaciones desiguales, que nos dejan gran frustración emocional.
Podemos desde ya escuchar las voces de quienes piensan que en nuestro país con su alto nivel de pobreza y su 60% de desempleo, hay temas más urgentes que requieren los esfuerzos de quienes estamos a favor de vivir a plenitud en todos los aspectos de la vida. Sin embargo, es en estos momentos de empobrecimiento y desesperación donde se generan el pánico, la agresión y la despreocupación por el resto de las personas que no sean las más cercanas a cada uno o una de nosotras. Es en estos tiempos donde se incuba la cultura de la intolerancia y se pueden manejar con más facilidad los terrores sexuales y crear sectores de la población hacia los que se canalice la frustración. Por esas razones nos parece más urgente defender el derecho que cada persona tiene de vivir una sexualidad libre de prejuicios, sana, placentera y sin riesgos. Y por esas mismas razones seguiremos trabajando por una cultura de respeto y aceptación de la sexualidad como una dimensión más del ser humano que le permita vivir su vida plenamente.
También nos parece necesario alimentar el debate sobre la sexualidad en nuestra sociedad y, particularmente al interior del movimiento de mujeres y al movimiento feminista. Ha estos movimientos les está haciendo falta hacerse cargo del tema, en esta nuestra sociedad atrapada por el miedo y la ignorancia en relación a la sexualidad humana, les falta abordar con la misma pasión que defiende la no violencia contra las mujeres, el derecho al placer de las mismas.
Aunque el trabajo de nuestra Fundación se dirige a toda la sociedad, son las mujeres y su expresiones organizadas nuestras más cercanas interlocutoras, con quienes queremos discutir estas páginas y de quienes recibiremos gustosamente los comentarios, aportaciones y polémicas que surjan al leerlas para enriquecer nuestra política sobre la sexualidad.
Nuestras Concepciones Sobre Sexualidad Fundación Xochiquetzal Managua, Nicaragua, 1998.
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